viernes, 7 de septiembre de 2012

Jussi Adler-Olsen

Bueno, bueno, bueno... tres meses sin escribir algo en el blog. El destino se diluye y esto no puede ser. Así que aunque no hay mucho tiempo, vamos a intentar contar alguna cosilla.
Mes de agosto, perfecto para leer, leer y no parar. Y quería hablar hoy de un autor danés que descubrí hace muy poco, Jussi Adler-Olsen, y del que ya escribí algo hace unos meses en el blog.
Este verano me leí sus dos últimos libros, Los chicos que cayeron en la trampa y El mensaje que llegó en una botella. Alucinantes los dos. Que buena forma de escribir y que divertido de leer. Se lo recomiendo a New-Man, que no hace más que leer pésimas novelas, en las que nunca ocurre nada y los protagonistas no hacen más que dialogar entre ellos. 
Un policía danés. Parecido al Wallander de Mankell, pero aún peor. Separado y asqueado de su mujer; vive con otro policía tetrapléjico, con un artista loco y con el hijo de su ex, que no suyo. Bebe como un cosaco. Sus ayudantes son un argelino musulmán que no es policía, pero le ayuda, y una secretaría gorda y friki que le hace la vida imposible. En la comisaría nadie lo quiere y lo mandan al sótano del edificio para que allí investigue casos antiguos. Mientras no tiene ningún caso, su máxima satisfacción son las siestas que se echa en su mesa de trabajo. 


Pero cuando se interesa por un caso, lo sigue hasta el final. Las tres historias de los tres libros están muy bien construidas. Y lo pasas realmente bien leyéndolas. Buenas dosis de humor, cutrerío, intriga y suspense. Perfecto para leer de un tirón. Hacedme caso. A por ellos.