jueves, 2 de mayo de 2013

Perder la fe en las personas

No sé. Quizá exijo mucho de los demás. Será por que intento dar mucho. Pero hay momentos en los que uno pierde la fe en las demás personas. Y no me refiero al vecino del quinto, ni al compañero e trabajo, ni al que te cruzas en el bar desayunando todos los días. No; me refiero a la gente cercana. A esas personas a las que has entregado tu vida, a las que te has dado por completo. Pues esas son las que a veces te defraudan. 
Da pena cuando descubres que, en el fondo, muchos se están mirando continuamente su propio ombligo. A pesar de que se pasan el día predicando su despegamiento personal, no hacen más que buscar su propio beneficio. Sepulcros blanqueados que bajo una fachada de preocupación ajena, sólo lo hacen para que crezca su ego. 
En apariencia, lo dan todo. Pero en realidad no dan nada. Lucirse como única preocupación. Brillar y que los demás vean lo deslumbrante que resulto. 
¡Con lo sencilla que es la vida! Dedícate a lo que tienes que hacer. Cumple con tu deber. Te guste o no. Haz lo que debes. Y no vengas con gilipolleces. No seas veleta. Céntrate. Y entonces brillarás, no para ti, sino para los demás. Entonces serás capaz de ayudar a los que de ti dependen. Se íntegro, leal, consecuente, fiel, sincero... Así, si que llegarás al corazón de todos los demás. Mientras no lo hagas, no te lamentes. 
Y si no quieres ver lo evidente y no quieres cambiar, déjame en paz. 

1 comentario:

Decar dijo...

Espero no ser el sujeto de esa crítica (no creo) porque si no este comentario sería un auténtico fiasco, pero estoy de acuerdo contigo por haber experimentado en mis propias cannes algo parecido.Y escuece,vaya si escuece...