viernes, 17 de enero de 2014

El maravilloso cigarro electrónico

Hoy hace exactamente 2 meses, tres semanas y dos días que encendí mi último ducados. 29 años encendiéndolos muchas veces al día y, de repente, se acabó. Y todo gracias a un invento que me parece maravilloso: el cigarro electrónico. Bendigo el día que me enteré de su existencia. 
Muchas veces había intentado dejar de fumar. Había probado de todo: testiculina, pastillas, chicles, otras pastillas más potentes, cigarritos mentolados de plástico... y nada de nada. Mis ganas de fumar no menguaban. Ya había perdido la esperanza. Pensaba que moriría fumando. Nadie iba nunca a conseguir que dejase algo que me gustaba tanto. 
Hasta que el cigarro electrónico apareció. Me lo compré sin esperanza ninguna. Lo hice con la idea de compaginar los dos e intentar no fumar las 8 horas que estaba en el trabajo. Pero a los tres días dije "voy a ver lo que aguanto". Y hasta hoy. 
Imagino que después de leer esto aparecerán los cenizos de turno, diciendo que si esto es malo, que si lleva nicotina, que si es cancerígeno... No han faltado personajes animantes así en estos casi tres meses; casi todos ex-fumadores, que no aguantan que lo haya dejado de forma tan fácil. A ellos les digo lo siguiente:
  1. El cigarro electrónico sólo tiene nicotina. La nicotina es una sustancia que, en dosis altas, es un veneno, pero en dosis pequeñas es un estimulante del sistema nervioso. NO ES CANCERÍGENA. Produce un aumento de la presión arterial. Y crea dependencia. Pero no produce cáncer. El alquitrán y otras sustancias del tabaco sí que son cancerígenas; pero no la nicotina. Por lo tanto es muchísimo más sano fumar electrónicamente que fumar tradicionalmente. Estoy de acuerdo que lo más sano sería ni una cosa ni otra; pero mejor esto que aquello.
  2. Es muchísimo más barato el cigarro electrónico que el normal. He calculado que me estoy gastando la quinta parte de lo que gastaba antes.
  3. Es muchísimo más limpio. No deja mal olor. No necesitas cenicero. Nadie se queja ya que no molesta. Mis hijos me piden que fume el electrónico en casa ya que queda un olor agradable a vainilla o melocotón o sandía.
  4. Puedo fumar donde me dé la gana. Ni se nota que das una calada. Y ya no tengo que salirme fuera de ningún sitio. Se acabó pasar frío o calor.
Todos son ventajas. Ni un sólo inconveniente si lo comparas con mi anterior vicio. Así que a los cenizos les pido que se queden calladitos y no den el coñazo.
Pero lo que más me preocupaba era el pasarlo mal y no poder dejarlo. Estaba convencido que si lo pasaba mal, no lo dejaría. No quería sufrir lo más mínimo como las otras veces que lo intenté. Y lo curioso es que en ningún momento he echado de menos el tabaco. NUNCA. Las caladas "electrónicas" calmaban totalmente el mono que se puede sentir. Por eso creo que el cigarro electrónico es el mejor invento para dejar de fumar. Y para el que no lo sepa, yo fumaba muchísimo. Casi dos cajetillas diarias. Así que, si yo he podido, cualquiera puede. Solo un consejo para los que lo intenten: elegid bien el sabor del líquido del cigarro. Os tiene que gustar de verdad. Mucho ánimo. 
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