miércoles, 23 de enero de 2008

Un niño de campamento escribe a mamá y papá


Hola papá y mama: Aquí en el campamento me lo paso fenomenal. Estamos todos muy bien y el agua sólo se ha llevado una tienda de campaña y dos sacos de dormir. No se ha ahogado nadie porque justo en el momento de la inundación estábamos buscando a Carlos que se había perdido en la montaña. Por cierto ¿podéis llamar a sus padres para decirles que está bien? Es que él no puede escribir la carta porque se ha roto los dos brazos. Me han dejado ir en el 4x4 con el equipo de rescate. ¡Qué guay! Si no hubiera habido tantos relámpagos, nunca hubiéramos encontrado a Carlos. El jefe del campamento estaba muy enfadado con Carlos por haberse ido sólo a la montaña sin avisar, aunque él sí que se lo dijo al jefe, pero como éste estaba muy ocupado apagando el fuego, posiblemente no lo recuerda. ¿Sabéis que si tiras una bombona de butano al fuego, explota?
Los árboles no se quemaban porque estaban demasiado mojados de la lluvia, pero sí una de las tiendas con la ropa, las medicinas y el equipo de comunicaciones. David tendrá un aspecto raro hasta que le vuelva a crecer el pelo. Si el jefe logra arreglar el minibús, el sábado estaremos en casa. Él no tuvo la culpa del accidente porque cuando salimos del campamento los frenos todavía funcionaban. Dice que es muy normal que sucedan estas cosas con vehículos tan viejos, pero que no hay peligro porque los coches de antes son muy robustos, aunque a veces tengan averías. A nosotros nos gusta mucho el minibús pero entramos fácilmente más de 20 niños. En los caminos de montaña nos dejan llevar el minibús un rato cada uno. Eso está muy guay porque tiene muchas curvas que lo hace más divertido. Lo malo fue que la policía nos paró justo cuando me tocaba a mí. El agente dijo que iba a hablar con vosotros. No os preocupéis, estamos en buenas manos. El jefe es realmente guay. Esta mañana todos nos fuimos a nadar en el lago pero a mí no me dejaba porque no se nadar y a Carlos tampoco porque tiene los brazos rotos, así que nos dejó ir con la canoa hasta el otro lado del lago. Si miras en el agua puedes ver en el fondo los árboles sumergidos por la inundación. El jefe no es tan pesado como el del año pasado, ni siquiera se enfadó por habernos olvidado los chalecos salvavidas. Él esta muy ocupado arreglando el minibús, por eso lo molestamos lo menos posible. Hoy hemos hecho un cursillo de primeros auxilios. Cuando Oscar se tiró al agua se hizo un corte muy profundo y le hicimos un torniquete. Es un nudo para cortar hemorragias. Me puse a vomitar y algunos otros niños también pero según el jefe era por haber comido el pollo que olía raro y de beber agua del arroyo, justo debajo de las letrinas. Nos dijo que no nos preocupáramos, que en la cárcel había comido cosas peores. Estoy muy contento que el jefe esté en libertad condicional y que haya venido con nosotros de campamento para mejorar su vida. Dice que a partir de ahora lo va a hacer todo bien y que le gustan mucho los niños Por cierto, ¿que es un pederasta? Bueno, voy a terminar la carta porque luego nos vamos a la ciudad para echarlas a correos y para comprar vaselina. El jefe dice que es imprescindible para los juegos de esta noche y nos evitará rozaduras. Estoy ansioso por ver de qué se trata. Un beso muy fuerte, Juanito.

5 comentarios:

patzarella dijo...

¡qué horror!

Chispo dijo...

Creo que nunca mandaré a mi hija de campamento

Anónimo dijo...

En los amigos del blog habéis recordado a los pamplonicas. Muchas gracias, pero yo no soy un tipo de chorizo, creo que todavía soy pamplonés. Y en plural pamploneses y pamplonesas. Saludos y a seguir leyéndoos

Robert Redford dijo...

Para el anónimo listillo de Pamplona: Diccionario de la RAEL: "Plamplonica: Pamplonés. Natural de Pamplona."
No he leido nada de chorizo, ni cosas por el estilo.

Anónimo dijo...

en realidad son pamplinicas