jueves, 10 de enero de 2008

¡Qué bien se está de vacaciones!


Más de uno me dirá que de qué me quejo, que tengo vacaciones de navidad de maestro. Pero aún así, ¡qué bien se está de vacaciones! y cuánto cuesta volver a trabajar después de 17 días sin dar un palo al agua.
A lo bueno te acostumbras enseguida y cuando tienes que volver a madrugar y a llevar un horario exigente, sin tiempo libre, te cuesta la mismísima vida.
En vacaciones, si te acuestas a las 2 de la mañana, lo mismo que si es a las 3. Si te levantas a las 10, bendito sea Dios. Empalmas el desayuno y la comida. Las sobremesas son interminables y el cafelito se enfría en la taza mientras tertulias con familia y amigos. En los ratos libres, un poco de Call of Duty 4, matando irakíes y chechenos, o de FEAR, matando, también, pero a engendros mecánicos. Los paseos al anochecer son agradables, sin prisas, metiéndote en cada escaparate curioso. Las cenas, tranquilas y placenteras. Y lo mejor, las conversaciones con mujer, hermana y cuñado mientras apuras los últimos ducados del día. Luego, colchones al suelo y cambia a los niños de cama. Esto es lo único que no echo de menos de las navidades. Al día siguiente, volver a empezar.
En no vacaciones, levántate a las 6 y veinticinco; trabaja hasta las 5 de la tarde. Recoge a los niños. Ayúdales con los deberes. Limpia cacas. Báñalos. Dales de cenar. Acuéstalos. Derrúmbate a las 10 en el sofá y métete rápido en la cama que, ya mismo, hay que volver a empezar.
No es que me queje de mi vida normal; soy feliz; pero… ¡Qué bien se está de vacaciones!

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