domingo, 26 de julio de 2009

Anécdotas del internado (I)

La verdad es que convivir con 130 chavales de 12 a 18 años da para escribir un libro entero. Cada año ocurren las mismas cosas. Os comento algunas:
  1. Los que aprueban durante la semana se pueden ir a casa el sábado y volver el domingo. Bueno, pues no os podéis ni imaginar la cantidad de bodas de familiares de primer grado que hay los sábados por la mañana y todas a una distancia de 300 ó 400 kilómetros de aquí. Por supuesto, los niños tienen que salir el viernes para poder llegar a las bodas. Y yo, por supuesto, que me niego. Recuerdo un año que se casaba la hermana del niño en cuestión y luego resultó que el niño era hijo único.
  2. Los domingos tienen que volver a las 21 horas. Casi todos presentan síntomas febriles a medida que se acerca esa hora. ¿Será la gripe A?
  3. Los que lo de la boda no les da resultado, prueban lo del dentista los viernes. ¡La cantidad de dentistas que tiene que haber en Granada para satisfacer tanta demanda!
  4. Los que suspenden se quedan aquí el fin de semana, aunque la familia puede venir a visitarlos el domingo por la mañana. Pues resulta que el domingo al mediodía todas las familias celebran las bodas de oro de los abuelos, y claro, se tienen que llevar al niño a comer.
  5. Los niños tienen prohibido tener móvil. Si les pescamos con uno, se quedan sin salida el fin de semana y no se les devuelve hasta el último día. Esta de ahora pasó hace tres días. Abro la puerta de salida del colegio y me encuentro un cojomóvil (Nokia 5800 con pantalla táctil y la leche en bote) escogorciao en el suelo. Había caído desde una altura de dos pisos. Pregunto de quién es y la callada por respuesta. Al final sale el dueño y me dice que él no sabía que lo tenía. Pensaba que lo tenía en casa; fue a ponerse el pantalón y salió disparado del bolsillo. JAJAJAJAJA. Luego me enteré que lo tenía escondido en la almohada y en plena guerra de almohadazos... Se ha quedado este fin de semana aquí.
  6. Esta me pasó hace años. Pillé a uno hablando por el móvil en el váter. Le dije que abriese, y cuando lo hizo, lo veo con la escobilla intentando que el móvil colase por el desagüe para que yo no tuviese el cuerpo del delito y no lo pudiese castigar. Se quedó sin móvil y sin fin de semana.

2 comentarios:

hermanísima dijo...

JAJAJAJAJAJA!!!!!!
¡ Qué pardillos!
Ya queda menos para que nos las cuentes en persona...un abrazo desde la ciudad donde nadie es forastero

no soy un ángel dijo...

menuda forma de sacrificar el móvil!