domingo, 18 de octubre de 2009

Crónica de una marcha por la vida

¡Fue increíble! ¡Qué cantidad de gente! Reconforta verte rodeado de gente que tiene dos dedos de frente y que piensan cosas normales. Todo tipo de gente: mayores, jóvenes (muchísimos), padres de familia, curas, monjas, gente de izquierdas, de derechas, ...
El día empezó con un madrugón y un viaje de 450 km. Llegamos a Madrid a las 12,30 y nos fuimos al Retiro a comernos unos bocatas. Nos juntamos con parte del clan Martínez. Allí estaban los albaceteños, bien dirigidos por Raflex y nuestra querida presidenta; los damianes (quién dijo que Soraya no iba), incluso con Miguelito que por fin se dejó ver; los exbarceloneses; la doctora Lecter con su inseparable Teresa; y los Martínez más cercanos: mi nonuerno Newman (más preocupado por dejar bien claro que él no comulgaba con las ideas de la mayoría de los que allí estábamos) con esposa, hija y hernia; mi nonuerna la de Monteluz con sus féminas; y como no, el pater familia presidiendo y controlando todo, hasta qué bocata tenías que comer. Pero bueno, eso está incluido en el precio. Sobre las cuatro decidimos irnos hacia la Puerta del Sol: misión imposible. Ya nos costó llegar a Cibeles: tuvimos que callejear bastante. Y no sólo por la cantidad de gente que llenaba las calles, sino por la indecisión de parte del clan martínez: cada uno quería ir a un sitio y cada uno pensaba de una forma distinta sobre dónde había que ubicarse. Al final reinó la cordura (en la que tuve mucho que ver) y cada uno se fue a dónde le dio la gana: Libertad!!!
Unos cuantos conseguimos acceder a la manifestación muy cerca de la Puerta del Sol; nos fuimos colando y nos metimos en ella. Accedimos en lo zona donde iban los antiabortistas de izquierda. Le dieron mucha caña a ZP y a la Aido. Pero, como no me hacía gracia estar a su lado (soy de derechas y orgulloso estoy de ello) logré esquivarlos en pocos minutos.
No sabéis lo difícil que es estar metido en mitad de una marea de gente con un carrito de un niño. Lo siento por los que iban delante de mi ya que les hinqué el carro miles de veces en el talón. Pero ayer se perdonaba todo. Más lo siento por mi hija que tuvo que manifestarse con el chucho incorporado.
A los cinco minutos mi grupo se había disgregado del todo. Me quede sólo con la nonuerna de New-Man y con dos de nuestros hijos. El resto, ni idea. Avanzábamos lentamente. La gente gritaba diversos eslóganes. En un momento determinado, una señora mayor que estaba a mi siniestra se volvió loca y empezó a gritar: "Zapatero dimisión". Nadie la siguió, pero a ella le daba igual; siguió gritando.
Yo no sabía que a mitad del recorrido se encontraba el ministerio de igualdad. La que se pudo montar cuando pasamos por delante. Todo el mundo se puso a silbar y a increpar a la borrica de la ministra. Fue divertido.
Antes de llegar al Banco de España, nos paramos. Ya no se podía continuar. La cabecera debía haber llegado ya a la Puerta de Alcalá. Gracias a la megafonía pudimos oír todos los manifiestos; pero ver, no pudimos ver nada. Estábamos muy lejos.
Cuando ya terminó todo nos juntamos de nuevo (gracias a los móviles) junto al Retiro. Despedidas, besos varios, y de nuevo pa Graná. Ni que decir tiene que la vuelta fue también programada por el pater, que dispuso hasta dónde teníamos que parar para tomar café. Y sólo se le ocurrió hacerlo en el sitio dónde, a la vez, pararon todos los autobuses que venían de vuelta a Andalucía.
Y dejando ya de lado la crónica familiar, pongámonos serios. ¿Que fue lo que más me llamó la atención de la manifestación? No fue el número tan elevado de gente. Fue las caras de todos los que estábamos allí. TODOS llevábamos cara de alegría. La gente sonreía y eran amables. ¿Por qué? Porque defendemos la vida. Estamos a favor del más fundamental de los derechos: VIVIR. Nos lo estábamos pasando bien, porque creemos plenamente en nuestras ideas. Los que defienden la cultura de la muerte, los abortistas y feministas rancias, cuando salen a la calle a defender sus ideales de muerte, lo hacen con cara seria, sin alegría, con rencor. Pero eso es normal. Si yo tuviese que defender esas idas egoístas y asesinas, no creo que pudiese sonreír.
No creo que el gobierno haga demasiado caso a los que ayer nos juntamos en Madrid; pero por lo menos sabrá que hay una parte importante de la sociedad que piensa de forma distinta.
Ni comentar siquiera, la guerra de cifras de siempre. No interesa que los buenos seamos muchos.

3 comentarios:

Raflex dijo...

OK Redford.
En este tema (en casi todos) te sigo de cerca, te apoyo y te venero. Suscribo todo lo que dices del ambiente, las caras y la educación de los manifestantes. El contraste con el careto de los Bardem (hijo y madre) gritando contra la guerra de Irak es brutal.
Tuvo su gracia acompañar a los que gritaban "Somos de izquierdas y por eso no al aborto". Me parece tan evidente que no es cuestión de ideologías...
En efecto, los que íbamos sin carrito avanzamos más rápidamente y os perdimos. Junior y tus representantes de la generación del 98 y del 2000 nos acompañaban hasta Cibeles, regentados por la Lezter. Y por supuesto el "chucho", al que sorprendentemente no oí quejarse de los pisotones que en buen número sufriría.
En fin que fue un día para no olvidar, como tantos que hemos compartido.
Un abrazo desde AB.

Robert Redford dijo...

Me alegra que coincidas conmigo, Raflex. La verdad es que fue un día espectacular a pesar que sólo estábamos 55316 personas, según la agencia EFE. ¿Cómo habrán conseguido contarnos a todos sin confundirse? ¿Contaron también al chucho? Si es que son unos linces.

El último de Filipinas dijo...

A ver si ese sistema tan moderno lo utilizan para contar a los que van al 1º de Mayo (bastaría un ábaco)o medir las colas que se montan cada día delante de las oficinas del INEM de toda España (perdón, estado español)