sábado, 30 de mayo de 2009

Las bodas

Odio las bodas; y no me refiero a las ceremonias religiosas. Odio que me inviten a una boda porque odio toda la parafernalia nupcial y, especialmente, las celebraciones por todo lo alto.
Todas son iguales: sacas el traje del armario y, cuando te lo pones, descubres en el bolsillo el puro y el papel del menú de la boda anterior. Y al mirarte al espejo, ves con horror manchas de moco de niño en el hombro. Luego toca esperar a que quien yo me sé, termine de arreglarse.
Llegas a la iglesia y en principio todo bien. La ceremonia, los lloriqueos, el arroz... Hasta ahí, aceptable. Pero entonces empieza mi verdadero suplicio. Hay que ir al sitio de la celebración: nunca lo encuentras a la primera; siempre está lejos y terminas llegando tarde. Todo el mundo con alguna copa en la mano y tú, con cara de gilipollas buscando al camarero que no aparece nunca. Y cuando lo hace, tiene la bandeja llena de copas vacias. En cuanto divisas a la camarera que lleva el jamón, te lanzas a por ella, pero cuando llegas, se ha terminado. La que siempre llega hasta ti es la que lleva pinchitos de verduras o pescado frito, que son las típicas tapas de las que paso.
Todos a las mesas. Miras el papelito donde viene cómo se sienta cada uno y ... horror... no conoces a nadie. A veces conoces a alguno, pero seguro que se sienta en la otra esquina. El último grito es que ahora el camarero que atiende tu mesa se presenta por su nombre (menuda horterada).
La comida se hace interminable. Además, a mi, se me van los ojos detrás de la comida que ponen en la mesa de los niños ¿por qué siempre me resulta más apetitosa? Y cuando quieres fumar un cigarrito, resulta que viene Richar (el camarero) y te dice que no está permitido. ¡A tomar por culo! A fumar fuera.
Después de tres horas por fin termina todo con el café (que siempre está frío) y a por las copas. Ese es el peor momento de todos. No bebo. ¿Qué hago? ¿Pido agua? Y rápidamente empieza el baile. Tampoco bailo. Así que me quedo sentado con mi botellín de Lanjarón, mientras los demás, entre copa y copa, muestran sus habilidades danzarinas en la pista. Después de 5 ó 6 canciones siempre se acerca algún cenizo a decirte que por qué no bailas. Luego suele aparecer alguna fémina que te coge del brazo e intenta sacarte a la pista de baile. Te niegas. Y entonces empiezan con la retahíla de siempre: eres un soso... eres un aburrido... ¡A la mierda! Y siempre me pregunto ¿Qué coño hago yo aquí? ¡Con lo bien que estaría en mi casa!
Y ya al final, después de 258 canciones, la gente con la que voy decide que ya es momento para irse. Y justo cuando te haces la ilusión de salir de allí, resulta que cantan aquella canción tan maravillosa que a todos encanta. Otra vez a la silla de los sosos.
Y luego a hacer de chófer porque ¡como no bebes!
Así que ya sabéis: NUNCA me invitéis a una boda. Si queréis que me alegre del día más feliz de vuestras vidas, dejadme que me quede en mi casa y ... todos tan contentos.
Pero antes de acabar, propongo una boda alternativa. En vez de fiestorro se puede hacer como en el vídeo. Algo alternativo y a la vez divertido. Me ha encantado la idea y además, con música de Queen. Que lo disfrutéis.


5 comentarios:

New-Man dijo...

Totalmente de acuerdo. Muy bueno Redford.

Las bodas son una de las cosas más llenas de tópicos que hay, además como según parece es el día mas importante de la vida…todo vale: hacer el indio, beber sin ganas, hacer el pato en una pista de baile… en fin… ya resulta lamentable ver a ese familiar, de buena posición que habitualmente es un tipo normal y serio bailando el tractor amarillo y haciendo esa cosa llamada conga, trenecito o similar agarrado a una gorda de la muerte, por supuesto de la otra familia, que no se sabe ni quien la invitó, esos niños coñazo que no se duermen ni con valium y que revolotean por todo el local gritando, o ese adolescente, o en el peor de los casos adulto, cargado de cubatas con la corbata al revés que te viene a dar la chapa en plan amigos forever y abrazos por doquier, (y tú no sabes quien coño es) … y todo esto porque hay que pasarlo bien “a pelotas” … y si tú, porque no te gusta, no accedes a sumarte a ese tren infernal o a esa ingesta de alcohol con frenesí: que si aburrido, que si siempre “estropeas las fiestas”, todos los hombre sois iguales…, ODIO LAS BODAS OF COURSE.


… esto me recuerda a muchas situaciones similares en la vida, todas aquellas en las que coincide el 99% del personal pero que si tú no compartes eres lo peor que parió madre. Espero poner ejemplos en post posteriores.

isra dijo...

Coincido contigo.

Celebraciones despreciables y vomitivas donde las haya.

Ellas dando por culo un año buscando "EL VESTIDO" y, o yo estoy ciego o son todos iguales.

Ellos... son peores, se ponen un traje de 60 euros y se creen alguien, y ya cuando se ponen la corbata atada a la cabeza pienso en lo bien que estaría tener un magnum y antes de volarles sus putas cabezas decirles "alégrame el día".

Y para rematar la faena, que le corten la corbatita en trozitos al novio y la orquesta te pete los oídos con cochambre española.

Anónimo dijo...

¿Le has leído a tus niños el libro ese de Barrio Sésamo "Un cumpleaños diferente" donde Óscar el Gruñón no quiere saber nada de su propia fiesta? Te lo aconsejo vivamente; verás tu vivo retrato y si te lo tomas con sentido del humor no podréis parar de reíros.

New-Man dijo...

¿me lo puedo bajar con el emule?... es que los vhs de barrio sésamo ya hace tiempo que los reciclé.

Mer dijo...

Cuanto entusiasmo Redford... Sólo espero que vengas a la mia cd me case!!!
Yo tb odio los tópicos así que espero que no haya muchos, lo único importante es "no cortar el rollo a nadie"
Muchos recuerdos a toda la famiglia!

Pipiolina